Expertos advierten que cada vez son más frecuentes las afecciones mentales asociadas al empleo.

La salud mental se ha convertido en uno de los temas más sensibles y urgentes dentro del mundo laboral contemporáneo y poco a poco, lo que antes se consideraba un asunto personal hoy ocupa un lugar central en las discusiones sobre productividad, sostenibilidad y cultura organizacional.
Diversos estudios recientes, entre ellos los realizados por emi Falck y la plataforma de gestión de personas Buk, confirman que el estrés, la ansiedad, la depresión y el síndrome de burnout son cada vez más frecuentes entre los trabajadores, al punto de configurarse como un nuevo riesgo silencioso para las empresas y las economías de la región.
Así mismo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.000 millones de personas en el mundo viven con algún tipo de trastorno mental y, entre ellos, la ansiedad y la depresión se ubican como los más comunes, generando un impacto importante sobre la productividad global.
Según estos expertos, actualmente se pierden cada año 12.000 millones de días de trabajo, lo que equivale a US$1.000 millones en pérdidas económicas. Dicho de forma simple, el costo de la desatención a la salud mental ya no es un problema invisible, sino que se traduce en horas laborales perdidas, menor rendimiento y una creciente rotación de personal.
El bienestar laboral influye cada vez más en la salud mental.

Creación de espacios seguros

Para entender todo lo que hay detrás de este flagelo, lo primero a entender es que los entornos laborales, según la OMS, pueden ser tanto espacios protectores como escenarios de riesgo y que factores como la sobrecarga de tareas, la falta de flexibilidad, la inseguridad en el empleo y la ausencia de apoyo emocional o liderazgo empático tienen efectos directos sobre el bienestar de las personas.
En Colombia, el informe “Burnout Laboral 2025: Conectando productividad y bienestar en Latinoamérica”, elaborado por Buk, encuestó a 5.700 trabajadores de Chile, México, Perú y Colombia y encontró que el 46% de los colaboradores en la región ha experimentado burnout en el último año, y un 14% lo padece de forma frecuente; evidenciando que se trata de un fenómeno que, lejos de ser anecdótico, afecta de manera estructural la productividad, la permanencia en los empleos y la satisfacción laboral.
En el caso colombiano, 13% de los trabajadores afirmó haber sufrido episodios de estrés crónico asociado al trabajo, mientras que 65% reconoció dificultades para planificar y cumplir sus tareas a tiempo, uno de los porcentajes más altos de la región; reafirmando que la gestión del tiempo y la organización de la jornada laboral se ven comprometidas por una sobrecarga constante de responsabilidades y por la falta de recursos emocionales y estructurales para manejarlas.
El estudio también identificó brechas relevantes entre distintos grupos poblacionales. El burnout es más frecuente entre personas neurodivergentes (24%), miembros de la comunidad LGBTQ+ (19%), la generación Z (17%) y los millennials (14%). En términos de género, la afectación es mayor en mujeres (15%) que en hombres (12%). Estas diferencias evidencian que el bienestar emocional en el trabajo está atravesado por factores de diversidad, inclusión y equidad, y que las políticas empresariales deben ser sensibles a esas particularidades.